El doble campeón olímpico y mundial se comportó a la altura del cierre de un espectáculo que superó las tres horas, marcado por un despliegue de tecnología, con mucha música y expresiones culturales.
Sánchez recibió la antorcha, hizo el recorrido y medio del óvalo (600 metros) saludando a un público delirante que no paró de aplaudirle, como si quedara pendiente festejar en su casa y agradecerle una carrera que marcó el despegue mundial del deporte dominicano.
Fue un cierre que honró a desde los responsables de crear la zapata de lo que es el deporte dominicano hoy, a la vez que a un grupo de exatletas que marcaron las últimas seis décadas dejando escrito en letras doradas sus nombres.