Por Irineo Ubrí
ELFARORD.COM SANTO DOMINGO. _Mientras gran parte del mundo observa con preocupación la creciente tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, surge una pregunta obligatoria: ¿vale la pena una guerra que podría afectar a millones de personas dentro y fuera de Oriente Medio?
Desde mi punto de vista, ninguna nación involucrada saldría verdaderamente victoriosa de una confrontación militar de gran escala. Una guerra en esa región tendría consecuencias económicas, políticas y humanas que se sentirían en todos los continentes, incluyendo América Latina y el Caribe.
Estados Unidos busca proteger sus intereses estratégicos y evitar que Irán desarrolle capacidades nucleares que alteren el equilibrio de poder en la región. Israel, por su parte, considera que cualquier avance nuclear iraní representa una amenaza directa a su seguridad nacional. Mientras tanto, Irán sostiene su derecho a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos y rechaza las presiones externas.
Sin embargo, más allá de las posiciones encontradas, la verdadera pregunta es cómo evitar que la situación llegue a un punto sin retorno.
Entiendo que la solución no está en los misiles, los bombardeos ni las amenazas. La salida más inteligente sigue siendo la diplomacia. Los líderes mundiales deben apostar por el diálogo, las negociaciones supervisadas por organismos internacionales y los acuerdos verificables que permitan generar confianza entre las partes.
Una guerra podría disparar los precios del petróleo, afectar la economía global, provocar nuevas crisis migratorias y aumentar la inestabilidad en una región que durante décadas ha vivido bajo constantes conflictos.
La historia ha demostrado que cuando las naciones se sientan a dialogar siempre existe una posibilidad de encontrar puntos de coincidencia. Cuando se abandona el diálogo, el costo suele pagarlo la población civil.
El mundo necesita líderes capaces de construir puentes y no de profundizar divisiones. Hoy más que nunca, la paz debe ser una prioridad global.
La humanidad no necesita otra guerra. Necesita más diplomacia, más entendimiento y más compromiso con la estabilidad internacional.
